FIN DE LA CARRERA
6Yo ya estoy próximo a ser sacrificado. El tiempo de mi partida está cercano. 7He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. 8Por lo demás, me está reservada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida. I Timoteo 4:6-8
Con estas palabras del apóstol Pablo escritas a Timoteo, su hijo en la fe, se despide, puesto que estaba próximo a ser ejecutado por causa de su amor por el Señor Jesús. Y con ellas finalizamos satisfactoriamente el estudio del libro de los hechos de los Apóstoles.
Este escrito nos hace reflexionar y mirar la vida como una carrera, carrera cuya meta, cuyo objetivo primordial, es agradar a Dios en todo.
Cuando un corredor quiere superar su registro, pone un punto más veloz a correr delante de él, pone entonces su mirada en este punto y trata de mantenerse al ritmo. Nosotros tenemos un blanco al cual mirar: Cristo Jesús es nuestra meta, Su altura es nuestra meta, entre más nos esforcemos más alto llegaremos.
Pablo pudo decir: “he acabado la carrera… me espera mi corona”; corona de justicia, que es por la fe en Cristo Jesús.
Su meta era llegar al premio del supremo llamamiento de Dios que es en Cristo Jesús: Salvación, vida eterna, comunión eterna con Dios, ciudadanía celestial, cuerpo inmortal, gozo eterno… Oh, Corona, premio incorruptible; dones de Dios perpetuos en perfecta santidad.
Los atletas se esfuerzas en gran manera para alcanzar coronas corruptibles, que se deshacen con el tiempo; ¿cuánto más no nos esforzaremos por la incorruptible corona de gloria?
Requisitos para triunfar en esta carrera: Vida entregada en sacrificio vivo al Señor y una vida de servicio fiel y sincero al Señor, a Su iglesia y a los que aún no le conocen.
Que alcanzar la meta se convierta en tu gozo, disfruta cada paso que das.
¡Adelante! ¡Eres un triunfador, en Cristo Jesús!
Emigdio Sumosa P.