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3 Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su gran misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, 4 para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarchitable, reservada en los cielos para vosotros, 5 que sois guardados por el poder de Dios, mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo final. 1 Pedro 1:3-5

 

Dios nos ama y ha usado de Su gran misericordia para perdonar nuestros pecados y rescatarnos del estado de perdición en el cual nos encontrábamos.

 

Jesucristo murió por nosotros llevando sobre si el castigo por la culpa de nuestros pecados. Su resurrección es muestra de la aceptación del Padre de Su sacrificio salvador o expiatorio; pero a su vez fue de fortaleza para quienes le vieron y así mismo nos llena de esperanza a quienes le creemos.

 

Dios promete que este nuevo estado de salvación implica que Él nos acompaña en todo momento y nos guarda, además que cuando muramos viviremos eternamente con Él y que incluso resucitaremos para nunca más morir. Estaremos colmados de grandes bendiciones las cuales no se deterioran con el tiempo sino con son perfectas y eternas.

 

Esta esperanza viva nos transforma así como fueron transformados aquellos que le vieron pues nos insta a buscar de la santificación así como Dios es santo; es la voluntad de Dios que así sea pues en eso está Su complacencia. También nos ayuda a sobrepasar toda adversidad o toda prueba para que Su nombre se glorifique y así mismo nuestra fe es probada y fortalecida.

 

Si decimos que le creemos y le amamos lo demostramos permaneciendo fieles a Él. Si decimos que le creemos y le amamos pero desistimos y abandonamos el Camino entonces estaremos demostrando que es mentira, que en nuestro corazón reinan otras cosas.

 

La venida de nuestro Señor Jesucristo fue anunciada, fue esperada, fue vivida y hoy es creída y predicada para salvación de los que creen.

 

 Esta esperanza nos transforma, nos fortalece y nos permite seguir avanzando victoriosamente. ¡Alabado sea por siempre nuestro Dios!

 

Emigdio Sumosa P.

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