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19Así que, hermanos, tenemos libertad para entrar en el Lugar santísimo por la sangre de Jesucristo, 20por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne. 21También tenemos un gran sacerdote sobre la casa de Dios. 22Acerquémonos, pues, con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia y lavados los cuerpos con agua pura. 23Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. 24Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras, 25no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca. Hebreos 10: 19-25

 

Marcos en su evangelio nos relata que cuando Jesús estaba en la cruz:

 lanzando un fuerte grito, expiró. Entonces el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo. Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo: —¡Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios! Marcos 15:37

Al rasgarse este velo del templo en dos partes de arriba abajo se nos ilustra visiblemente lo que estaba ocurriendo en el mundo espiritual, o sea Jesús, El Cristo, con su muerte nos estaba abriendo un camino al Padre celestial. Gracias al sacrificio de Jesús hoy tenemos acceso a la presencia de Dios, ya que antes nuestro pecado nos separaba de Él. Cristo sufrió en Su cuerpo un castigo que fue suficiente para perdonarnos los pecados ante el Padre.

Dios hoy nos hace una gran oferta:

Tenemos libertad para entrar al lugar santísimo, esto quiere decir que tenemos libre acceso a Su presencia. Anteriormente un Sumo Sacerdote una vez al año tenía este privilegio. Más ahora Dios ha extendido Su gracia y a facilitado por medio del sacrificio de Jesús que toda persona de toda lengua o nación tenga acceso a Su presencia teniendo como único requisito la fe en Jesucristo, aceptando nuestra condición pecadora, creyendo en el sacrificio salvador de Jesús y aceptando a Jesús por señor y amo de nuestra vida.

Tenemos esta libertad porque Dios no da:

-      La sangre de Jesús o sea por Su sacrificio sustituto de nuestro castigo

-      Un camino nuevo, una nueva manera de acercarnos a Él.

-      Un camino vivo, una manera legal y efectiva de acercarnos a Él

-      Un camino sin obstáculos insalvables, podemos hoy atravesar el velo

-      La guía y ayuda de un nuevo y perfecto Sumo sacerdote

La respuesta más apropiada a esta propuesta de Dios es acercarnos a Él y permanecer en Él.

1.    Acercarnos a Dios


-
     
Con corazones sinceros; o sea sin fingimiento.

-      Plena certidumbre de fe; o sea con confianza plena en el Señor

-      Con corazones puros; o sea en arrepentimiento genuino, con frutos dignos de arrepentimiento

-      Lavados los cuerpos con agua pura; o sea en obediencia como lo es el ser bautizado

 

2.    Mantenernos en el Señor

-      Firmes, o sea seguros en lo que hemos creído y en quien hemos creído

-      Sin fluctuar; o sea constantes, sin cambiar, de carácter constante

-      Fieles al que ha sido fiel con nosotros

  

¿Cómo mantenernos unidos a Dios?

-      Considerándonos los unos a los otros; o sea mostrando y teniendo interés por los demás, compartiendo circunstancias diversas donde nos apoyemos los unos a los otros.

     Estimulándonos al amor; o sea por medio de actividades, por medio de la Palabra y los buenos consejos.

-      Estimulándonos a las buenas obras; por medio del desarrollo de nuestros talentos, de nuestro ejemplo o conducta, animando y formando por medio de la Palabra de Dios, programando actividades que nos ayuden a desarrollar esta área.

-      No dejar de congregarnos por el contrario participar de los cultos, proponer actividades, respaldar las actividades, animar a otros a asistir.

-      Exhortándonos; o sea animándonos con amor a seguir firmes en este Camino del Señor.

Emigdio Sumosa P.

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