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Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré; y seré a ellos por Dios y  ellos me serán a mí por pueblo.

Hebreos 8:10

 

 

En tiempos antiguos Dios ha querido, como ha sido Su constante, rescatar al hombre de su perdido estado de condenación por causa del pecado, escogió a un hombre llamado Abraham y de este hombre hizo una nación de donde nacería y nació, nuestro salvador Jesucristo. Escogió Dios esta nación para darse a conocer y que estos a su vez le dieran a conocer al mundo.


Dios estableció con esta nación (Israel ) un pacto en el cual Él les tomaba por pueblo Suyo, y ellos le tomaba de igual manera como Su Dios, les dio pues a ellos el resumen de Su ley, escrita en tablas de piedra, que conocemos como los 10 mandamientos.

 Sin embargo, esta nación no fue fiel al pacto, y Dios prometió un nuevo pacto para esta nación y para toda la humanidad. Este nuevo pacto es eterno, e inmejorable.


En este nuevo pacto Dios entrega a Su único Hijo Jesús  de Nazaret. Como mediador de este nuevo pacto Jesús muere en una cruz pagando el justo precio exigido por Dios por nuestro pecado, dándonos la opción de ser salvos.

Para ser salvos debemos aceptar el Nuevo Pacto que Dios nos ofrece: debemos creer que Jesús es quien dijo ser, o sea, el Cristo, redentor de la humanidad. Debemos arrepentirnos de nuestros pecados, recibir a Jesús como Señor y cerrar nuestro pacto con el bautismo, y permanecer fiel a Él.


En este nuevo pacto hay unas características nuevas y especiales:


      1. Dios es quien pone el sacrificio de redención, derrama la sangre de Su Hijo como precio de perdón reconciliador.

        2. Nos sella con Su Espíritu Santo fundiéndose a nuestro espíritu dándonos una nueva naturaleza, una naturaleza espiritual.

        3. El Señor pone Su ley en nuestra mente, ya Su Ley no solo esta grabada en papel, piedra o cualquier elemento, si no que ahora esta grabada en nuestra mente. Esto quiere decir que hay una nueva ley en nosotros que nos gobierna, o sea, que la ley antigua no podía ser entendida en Su profundidad por la carnalidad del hombre, mas ahora por la presencia del Espíritu santo, Su palabra nos es revelada, nos es quitado el velo que no nos dejaba verla con claridad. Más hoy podemos entenderla, disfrutarla y vivirla.

 

       4. Así mismo Dios escribe Su ley en nuestro corazón. Esto quiere decir que hay una nueva ley en nosotros que nos gobierna, esto es, la Ley de Espíritu Santo en nosotros. Cada uno de nosotros nació por ley sujetos al pecado y esta naturaleza es seducida y atraída por el pecado y su deseo es pecar, hacer lo malo, no sujetarse a Dios, complacer sus deseos carnales. Sin embargo, la nueva ley en nosotros nos insta a hacer el bien, porque a partir de la entrada del Espíritu Santo en nosotros tenemos una naturaleza espiritual cuyo fin es hacer el bien, de no hacer lo malo, de sujetarse a Dios, busca agradarle a Dios.

 

      5. Dios nos invita como en tiempos antiguos a que le aceptemos como Dios, pero que en nuestro caso, si permanezcamos fieles a Él.

 


Esta es la oferta de Dios ¡acéptala!;  cree en Jesús, acéptale como Señor, da una muestra importantísima de obediencia, sellando el pacto con tu bautismo, y Dios lo sellara con la presencia de Su Espíritu Santo en ti. El transformará tu mente y corazón conforme a Su querer, o sea, a la imagen de Jesús, el Cristo.


Emigdio Sumosa P.

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