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La Gloria de Dios

Cuando hablamos de la gloria de Dios nos referimos a Su presencia, a la manifestación de Su gracia llena de amor, poder, misericordia y generosidad. ¡Deseamos vivir experimentando la presencia constante de Dios en nuestras vidas!

Referente al tema veamos los acontecimientos narrados en Éxodo 33

Dios dijo: 3 Subirás a la tierra que fluye leche y miel, pero yo no subiré contigo, no sea que te destruya en el camino, pues eres un pueblo muy terco.

Dios le promete a su pueblo que les daría las sobreabundantes bendiciones que ellos esperaban pero que Él no iría con ellos.

4 Al oír el pueblo esta mala noticia, guardó luto, y ninguno se puso sus galas, 5 … Quítate, pues, ahora tus atavíos, para que yo sepa lo que te he de hacer.”» 6 Entonces los hijos de Israel se despojaron de sus galas desde el monte Horeb.

Este texto nos enseña que Dios quiere que nos despojémonos de nuestros atavíos para estar delante de El; esto es:

  • Despojémonos de nuestro orgullo y seamos humildes, reconociendo que sin Dios no somos nada ni tendríamos nada!
  • De que vale que seamos multimillonarios si Dios no estás con nosotros, Dios es nuestro mayor y mejor tesoro!
  • En vez de querer que Dios se aleje de nuestras vidas, queremos ansiosa mente estar cara a cara con Él, queremos que Dios nos hables como lo hace un amigo!

17 —También haré esto que has dicho, por cuanto has hallado gracia a mis ojos y te he conocido por tu nombre —respondió Jehová a Moisés.

18 Entonces dijo Moisés:

—Te ruego que me muestres tu gloria.

  • Señor queremos ver Tu gloria!
  • Si no estás con nosotros de que vale nuestro existir!

19 Jehová le respondió: 20 pero no podrás ver mi rostro —añadió—, porque ningún hombre podrá verme y seguir viviendo.

21 Luego dijo Jehová:

—Aquí hay un lugar junto a mí. Tú estarás sobre la peña, 22 y cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado.23 Después apartaré mi mano y verás mis espaldas, pero no se verá mi rostro.

Jesús tu eres la peña donde nos podemos esconder para que el Padre no nos consuma porque somos pecadores, porque lo defraudamos en todo momento.

Si quieres ver la gloria de Dios acepta a Jesús como tu Señor y salvador, es necesario que te escondas en la palma de su mano para que puedas entrar en la presencia del Padre Celestial.

¿Cuál es tu tesoro? ¿Títulos, bienes, habilidades, belleza, inteligencia…?

Pon todo esto a los pies de Jesús, recibe de Él humildad y acepta el Señorío de Él en tu vida.

Emigdio Sumosa P.

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